En la Parra. Ahora con Estrella Michelín.

Pues sí, spoiler alert, he vuelto a En la Parra. Mi primera visita desde que recibieran una más que merecida Estrella Michelín a finales del nefasto 2020. Un reconocimiento al trabajo, a la ilusión, al esfuerzo, a la atención a cada detalle.

Antes de seguir leyendo os aviso: si esperáis encontrar un artículo en el que hable de la historia del restaurante o de cómo funcionan las estrellas Michelín podéis buscar en otro sitio, no os voy a hacer perder el tiempo. Si sois de los que buscáis el error en todo, para poder descargar vuestra ira, este artículo no es para vosotros. Bueno, este blog no es para vosotros. Aquí se viene a disfrutar de la gastronomía y a ser feliz.

Tampoco voy a diseccionar el menú degustación. Es como si os contara toda la película antes de ir a verla al cine. Parte de la magia de este tipo de restaurantes es la sorpresa y os quiero demasiado, queridos lectores, como para privaros de ella.

Así que si después de todas estas consideraciones aún seguís interesados, permitidme compartir con vosotros una de las mejores experiencia gastronómicas de mi vida. Sí, tal cual.

Aquellos que sigáis el blog o, al menos, me conozcáis, sabréis que En la Parra es uno de mis restaurantes favoritos (de hecho fue de los primeros sobre los que escribí en este blog). Y me costaba imaginar cómo podía mejorar, la verdad (imagino que por cariño e ignorancia, no sé).

Restaurante En la Parra Salamanca

Mi última visita fue en diciembre de 2019.

Y desde entonces han conseguido algo increíble: ser fieles a su esencia, no perder de vista lo que les hace tan especiales, pero dando un paso adelante (en un terreno que, como os digo, para mí era desconocido).

El año pasado debí ser tremendamente bueno porque los Reyes Magos (¡gracias, Sus Majestades!) me regalaron una Armonía Pizarra, es decir, el menú degustación largo con su maridaje de vinos. La cosa ya promete, ¿verdad?

El menú es, como su nombre indica, largo. Pero no excesivo. En mi humilde opinión, terminar una experiencia de estas características con sensación de no poder moverte es estropear algo maravilloso. No es el caso. Sales más que satisfecho, pero en la justa medida.

Eso sí, no se puede ir con prisas. Es imperativo ir con calma, para disfrutar de cada bocado y de cada sorbo. ¿Acaso vais a un museo, al teatro, al cine o a un concierto, con prisas? No nos equivoquemos. La gastronomía (especialmente en estos niveles) es arte.

Con los entrantes dejan muy claro dónde estamos: Salamanca, tierra de ibéricos.

La experiencia comienza con un señor caldo de jamón. Puede que parezca algo intrascendente, pero para mí es una declaración de la calidad de Rocío Parra, la chef. Es un caldo que está en el punto perfecto de sabor. Un poco más sería demasiado. Un poco menos sería insuficiente. Y confieso que cada vez me gusta más la idea (que a veces practico en casa) de comenzar una comida (o cena) con un buen caldo.

Restaurante En la Parra Salamanca

Es difícil quedarse sólo con un entrante porque, de verdad de la buena, me parecen todos extraordinarios. Pero haciendo un gran esfuerzo, voy a destacar el brioche de presa ibérica y caviar. Es de esos platos que dices… mira yo me voy ya, porque esto no hay quien lo supere. Es un brioche con mantequilla tostada, presa ibérica curada por ellos mismos y un toque de caviar de beluga. Y terminan el emplatado en la mesa. Espectáculo puro, amigos.

Antes de pasar a los platos principales (bueno, que principales son todos, no nos engañemos), nos ofrecen una cata de 5 aceites de oliva. Por supuesto, mientras los sirven, explican las cualidades de cada uno. Para los que nos gusta el aceite de calidad (además acompañado por un pan de primera), es una gozada. De verdad. Una vez más, elegir es muy difícil, pero me quedo con el aceite ahumado de Finca la Barca (tranquilos, un toque ahumado sutil).

En cuanto a lo platos principales, permitidme hablaros de dos:

Guisantes, anguila y menta. Que parecen casi tres palabras inconexas. Me vienen a la mente aquellos ejercicios donde tenías que encontrar el “intruso”. Pero aquí no hay intrusos. Son tres ingredientes que no se me habría ocurrido unir, pero que se combinan a la perfección para crear uno de mis platos favoritos de este menú.

Restaurante En la Parra Salamanca

Rabo de toro, calabaza y bechamel de coco. El sabor del coco con el guiso de rabo de toro se complementa de una manera espectacular. Es el último plato antes de llegar a los postres. En ese momento en el que ya estás pensando en el dulce o, incluso, que la experiencia está ya cerca de acabar, la chef da una palmada en la mesa y te recuerda que en En la Parra, disfrutas desde que pones un pie dentro del restaurante, hasta que sales.

El menú se cierra con un broche de oro: torrija ahumada con chocolate “abinao”. Y no sólo el plato (que de por sí merece todos los elogios), sino el maridaje que le acompaña: un Talisker 10 años. Los aficionados al buen whiskey sabrán de lo que hablo. Un matrimonio perfecto.

Y, hablando del maridaje, para los que queráis vivir la experiencia completa os lo recomiendo totalmente. Son unas cuantas copas, ojo. Pero no tantas como para salir a gatas, no os preocupéis.

Una cuidada selección de vinos que acompañan perfectamente cada escena de esta obra. Que realzan los sabores de los platos para dar un paso más en esto del disfrute. Una muestra del gran conocimiento y del mimo que pone Alberto Rodríguez (jefe de sala y sumiller) en la bodega del restaurante.

Especialmente sorprendente para mí fue una sidra de pera que acompaña el pre-postre. Y la apuesta (quizá arriesgada, seguro acertada) de ese Talisker para cerrar el menú maridando el postre.

Restaurante En la Parra Salamanca

Una estrella Michelín (imagino) que no se otorga sólo por una gran destreza en la cocina. Premia toda la experiencia en el restaurante. Y os aseguro que la sala, el servicio, están tan cuidados como la cocina. He disfrutado mucho viendo cómo todo el equipo trabaja como una máquina perfectamente engrasada. Demuestran pasión por su trabajo, pasión por la gastronomía y pasión por el trato de calidad. Son el epítome de la atención al detalle, al más mínimo detalle.

Y, para mí, lo más importante: siguen mejorando, siguen creciendo, pero mantienen su esencia. Después de casi año y medio sin visitarles, me he sentido como en casa.

Gracias Rocío, Alberto, y todo el equipo de En la Parra. Ha sido probablemente la mejor experiencia gastronómica que he disfrutado hasta el momento.

(En Instagram podéis ver las fotos de los platos. Os anticipo que, ni de lejos, les hacen justicia).

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